lunes, 17 de enero de 2011

LAS CASITAS





En aquella casa había tres baños de mármol, con bañeras no, con piscinas y fuentes. Cuatro cocinas, con islas y neveras de dos puertas. Los jardines se extendían kilómetros y kilómetros, un laberinto en el centro y setos de conejitos rodeándolo, "llego tarde" ponía en la entrada.  En su fachada cinco puertas principales de acceso, cada una de un color, de distintos tamaños y estilos. ¡Qué bonita la de acceso para gatos!, ¡con molduras de pan de oro!. A las habitaciones infantiles se accedía por toboganes y en alguna de ellas había hasta diez camas con dosel, por si vienen las amigas. En el garaje espacio para una veintena de coches y efectivamente veinte coches aparcados, entre ellos algunos descapotables rosas.
Las dos primas, de siete años, cerraron las revistas de decoración de sus madres, ya sabían dónde iban a vivir el resto de su vida, también estaban convencidas de que iban a ser altas y rubias cuando crecieran. 

OTRA BRUJA

                                                        
            
           Otra bruja , imagen de Sahir Teneré Kabilian

viernes, 14 de enero de 2011

BRUJAS




Solían reírse juntas, desarticulaban sus desmanes como quien rompe sin querer el brazo de una muñeca.
Los hombres no entendían nunca aquellos cuerpos desnudos, abiertos en canal sobre su cama.
A ellas poco les importaba, haciéndose un ovillo miraban el reloj y volvían a abrir sus bocas llenas de dientes y labios rojos.
Luego corrían a encontrarse, solas y mal vestidas, a contarse con los ojos negros de rímel en ruinas el color del sexo.
Prometían amores eternos en todas las caricias y eran ciertamente eternas hasta el alba, alguna boda si era rubio.
Huían despavoridos, no fuera que aquellas carnes ya masticadas se les enredaran en las muelas de juicio
ó que sin querer se acomodaran sus ojos a las melenas deshechas de las bridas exhaustas, tan lindas.
Amor, mi amor, vendrás luego con flores y dulces?, volverás a meter tus dedos en la llaga, dime, lo harás?
No importaba, las respuestas luego se inventan, y los copihues se fabricarán con papel higiénico, lo importante es
el hoyito que se dibuja en su cara cuando dice esas cosas, ellas son valientes y se visten de anestesia en la aurora.
cómo se reían luego, cada una llevando un palo que amontonaban en la entrada. El sol naranja del mediodía encendía
la mecha incandescente del vestíbulo y juntas y abrazadas empezaban a arder, hermosas, mientras las carcajadas se escuchaban desde la calle.





La pólvora siempre viene bien en los bolsillos y un taxi espera abajo a que le traigan las vueltas, pero si son veinte céntimos...caballero!